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Estracto del libro "Encuentro con la Historia"

Redescubiendo a Cartago Colonial bajo los los pisos de la Catedral

Este texto en su conjunto debe entenderse como la fase inicial de un estudio interdisciplinario en marcha que debería proyectarse excavando otros sitios y correlacionando nuevas informaciones documentales. Por partir de una actuación de rescate, muchas de las preguntas de investigación surgieron en el transcurso del proceso, por lo cual somos conscientes que compartiendo los cuestionamientos, los métodos empleados y los datos obtenidos, se han abierto posibilidades de discusión y fortalecimiento de las hipótesis e interpretaciones formuladas.

Se puede plantear que la mirada detallada se efectuó a escala de sitio, a partir de los referentes históricos concretos sobre los procesos vividos por la Iglesia Catedral. Se ha girado alrededor de este eje buscando establecer el por qué de la escogencia de este sitio, además de correlaciones con distintos períodos históricos reconocibles, tanto en algunos elementos de cultura material como en las descripciones escritas.

Durante el surgimiento de las remociones de la tierra adelantadas en obra, así como en las excavaciones por nosotros propuestas, primaron preguntas sobre la depositación de los suelos y la presencia de diferentes materiales, así como sobre la antigüedad y la complejidad de los procesos constructivos. Fue básico reconocer los estratos "naturales", correspondientes a capas ampliamente identificadas en la zona formadas por una matriz fina y compacta de cenizas volcánicas, así como las alteraciones e intrusiones generadas por actividades antrópicas a través del tiempo. Se pudieron diferenciar varios depósitos antrópicos, los cuales forman una secuencia estratigráfica artificial relativamente compleja.

Se excavó por capas, teniendo en cuenta las separaciones o interfacies, la composición sedimentaria, la coloración y la compactación. Se buscaba encontrar elementos para sustentar la existencia de un espacio en el que una considerable cantidad de personas hubiesen desarrollado prácticas sagradas. Se consideraron preguntas como qué tipo de materiales o desechos se podrían detectar y cuáles espacios internos y cuáles externos estarían asociados? estos acercamientos con el fin de develar en la medida de lo posible aspectos de la vida cotidiana de los pobladores de este territorio.

La obra pública del conjunto de la Catedral -pensada a finales del siglo XIX- implicó un trabajo considerable para su tiempo, necesitando de una remoción y compactación de los suelos en un área muy extensa correspondiente a 1.510 m2 .Como era de esperarse, los estudios estratigráficos determinaron variaciones en los depósitos en distintos sectores de la Catedral, no obstante se pudieron plantear unos patrones generales de depositación que indican espesores promedios de los estratos y aspectos de su textura y estructura (González 2001). En algunos casos se hicieron visibles acumulaciones de capas de desechos y escombros constructivos, mientras que en otros predominaron espesas capas de los suelos orgánicos de distintas procedencias aledañas y externas. Debido a la intención de lograr pisos horizontales y compactos para el uso permanente como templo, fueron comunes los rellenos con distintos materiales. En particular, son claros los llenos superiores para soportar el piso de madera, el tendido de piedra y el lleno de más de 20 cm de la década de los 30´s para colocar el baldosín.

Uno de los objetivos de esta investigación era establecer la evolución del actual emplazamiento de la Catedral, considerando las posibles evidencias del asentamiento central de Cartago Viejo y estableciendo relaciones con las construcciones del Pereira actual. En este sentido los resultados fueron alentadores, pues, se pudieron correlacionar algunas evidencias profundas de origen colonial, con las de la actual construcción, para así lograr aproximaciones sobre la dinámica de construcciones a través del tiempo.

No obstante las limitaciones impuestas por las características de la obra actual de intervención, se alcanzó a obtener una visión de conjunto del proceso de uso e intervenciones en el sitio de la Catedral y de los distintos momentos de construcción incluyendo los aspectos de la ocupación prehispánica. De acuerdo a las consideraciones geomorfológicas del espacio del centro de la ciudad de Pereira (fig. 2) es un hecho que la construcción se hizo en una cima o explanada, con relativa pendiente o caída hacia el sur-occidente. No hubo reutilización de materiales prehispánicos, debido a que estos originalmente sólo estaban representados por algunos fragmentos cerámicos. La gran mayoría de cantos rodados visibles en los estratos sub-superficiales corresponden a guijarros medianos, de tamaño decimétrico traídos en la década del 30 del siglo XX y que sirvieron para aislar la humedad de un segundo piso de madera .

En cuanto a estructuras arquitectónicas mayores, sólo existen evidencias-de antigüedad incierta - de unos cimientos paralelos, profundos y compactos, en los que utilizó una sólida argamasa con cantos rodados uniformes de tamaño mediano y formas ovaladas, así como fragmentos de arcilla cocida. Existe una clara división, -pero a la vez continuidad-, de estas estructuras con los "cimientos" actuales de los muros de la Catedral, siendo marcada la variabilidad en el cementante y los guijarros utilizados los cuales son irregulares. Este contraste sugiere que estas diferentes características constructivas podrían estar señalando épocas distintas. El conjunto occidental está muy bien terminado, y una hipótesis a corroborar es si podría haber sido construido durante el período colonial. En caso afirmativo, se piensa que estos cimientos que podrían considerarse "originales", habrían sido posteriormente ampliados a comienzos del siglo XX y reutilizados para la construcción de la actual cúpula central, tal como lo indican las 4 filas de ladrillos que aún se conservan sobre ellos, con perforaciones que pudieron ser usadas para el sostenimiento de las guaduas de los andamios (Botey, 2001 comunicación personal).

Un aspecto fundamental de esta investigación fue el rescate de entierros humanos que hubiesen podido ser destruidos o ignorados sin la presencia de arqueólogos. Sin lugar a dudas, los enterramientos encontrados constituyen una evidencia básica para sustentar el uso de este espacio para actividades sagradas a través del tiempo. El hecho de encontrarse inmersos en los estratos más profundos, sellados bajo los rellenos superiores, ratifica la antigüedad de prácticas funerarias dentro de la iglesia. Esta costumbre estaba ampliamente documentada para épocas coloniales, ya que inicialmente no existía cementerio aislado del templo. Dentro de lo que parece haber sido el área interna de la antigua iglesia, fueron enterrados de manera paralela, 4 cuerpos humanos (3 en ataúd), destacándose además el espacio de otra tumba que aunque estaba demarcada, no contenía ninguna evidencia de haber sido utilizada. Además, en lo que pudo ser un sector externo aledaño a la iglesia colonial, se inhumaron en fosas colectivas, sin ataúd, alrededor de 22 individuos, como lo demuestra la presencia de restos humanos dispersos y muy deteriorados.

La ubicación de las tumbas, carencia de ajuar, prácticas de amortajamiento, características fenotípicas de los individuos, la orientación de los cuerpos, así como muchas otras características dignas de profundizar se constituyen en problemas y datos de interés para aportar al conocimiento de las sociedades que habitaron este territorio y comparar con otros sitios.

A partir de esta investigación y gracias a los resultados obtenidos se ha iniciado una nueva mirada de los documentos con distintas preguntas y espacios de generación de hipótesis considerando los aportes y las posibilidades que brindan los elementos materiales de acuerdo al contexto y la resolución arqueológica. Vale la pena señalar las hipótesis iniciales que consideraron algunas posibilidades a desarrollar o identificar y que también se comentan a continuación:

1) Se podrán determinar uno o varios estratos de ocupación precerámica si este sector hubiese sido habitado recurrentemente milenios atrás.

Al respecto no hubo evidencia alguna que diera cuenta de ocupaciones tempranas en este sitio, tal como si ha sido documentado en otros sectores del municipio en profundidades superiores a 70 cm (Cano 1998, 2001b, Cano et al. 2000)

2) Se podrían encontrar estratos de ocupaciones indígenas tardías ligados a los horizontes superiores y de muy fácil remoción en cualquier obra.

En este sentido se confirmó la presencia de fragmentos cerámicos indígenas con características tardías en depósitos removidos, lo que indica un uso de este espacio por grupos ligados a las etnias quimbayas ampliamente dispersos en la región unos siglos antes y hacia la época del contacto con los europeos.

3) Al encontrar vestigios de Cartago Viejo y uno o varios pisos de ocupación colonial, se abrirían posibilidades de conocer aspectos particulares de un sitio colonial y por lo tanto obtener contextos, materiales, vestigios o rasgos constructivos y domésticos de esa época, pudiendo hacerse preguntas acerca de las sociedades que colonizaron este territorio.

Efectivamente, fueron varios los elementos de cultura material y secuencias estratigráficas las que corroboran esta hipótesis, en particular los hallazgos de cerámica, loza y porcelana colonial. Aún falta definir con detalle rasgos determinantes, su pertenencia al período temprano o medio de la Colonia , así como algunos fabricados en el siglo XIX.

En cuanto a los vestigios de la cultura material el hecho de no encontrar fragmentos, objetos o basuras en un amplio sector, puede ser indicativo de su uso como espacio abierto, público con carácter sagrado. Los materiales claramente provinieron de rellenos, de tierra removida acumulada y fueron limitadas las evidencias para profundizar por el momento sobre otros aspectos de la vida cotidiana de los pobladores.

Con relación a la alfarería se encontraron evidencias coloniales de varios períodos, algunas posiblemente manufacturadas en la región; sin embargo, aún no se han hecho los análisis detallados para sustentar y detallar los posibles tipos de producción local de cerámica. Este aspecto es de fundamental interés hacia el conocimiento de las sociedades coloniales en América Latina y varios investigadores de distintos países están interesados en abordar estas comparaciones (Senatore 1997, Rovira 2001). Así mismo, es posible pensar en la fabricación local de tejas y ladrillos, así como en la producción de contenedores para transporte de productos determinados desde los centros de producción (como vino y aceite).

4) Se deberían encontrar evidencias del uso del espacio y de materiales o estructuras que indicaran tradiciones constructivas españolas.

Las respuestas a estas preguntas aún son inciertas y depende de profundizar las consultas con especialistas y poder sustentar la antigüedad de las estructuras excavadas, además de obtener nuevos datos de ciertos elementos aún en análisis. La composición del registro arqueológico recuperado y los distintos estratos visibles en la Catedral no presentó tendencias claras ni definitivas en cuanto a la localización de estructuras integradas u otras bases o muros antiguos. Si estos fueron en tapia, pudieron haber colapsado y su integración al suelo los hace indiferenciables. En este sentido sólo es rescatable la evidencia del corte en el suelo matriz y las piedras alineadas en el sector G2-G3.

5) Al tratarse del templo que ofició en la época de la colonia española, existe la posibilidad de encontrar entierros en el interior y zona aledaña a la iglesia.

Esta hipótesis pudo ser confirmada por los hallazgos funerarios. Los análisis de antropología física describen características europeas de los individuos y la estratigrafía reitera la profundidad temporal, aunque los huesos no brindaron buenas posibilidades para obtener fechaciones por radiocarbono. En pocos meses de investigaciones, se abrieron las puertas a este capítulo que merece ser complementado por distintos acercamientos desde la antropología biológica y la problemática antropológica social entorno a la muerte.

6) Se debería observar en algunos sectores no muy alterados un estrato de abandono correspondiente a más de un siglo y medio desde el traslado de la ciudad de Cartago.

Esta inquietud pudo ser visualizada tanto por evidencias de un suelo orgánico enterrado en algunos sectores, así como por la presencia de krotovinas (nidos de insectos) en los suelos en los niveles más profundos. Se requieren estudios sedimentolólogicos y paleoecológicos detallados para lograr informaciones precisas a este respecto.

7) Los ladrillos y tejas de la Catedral habrían sido fabricados en el sitio, aprovechando las arcillas que conforman la ceniza volcánica subsuperficial. Las evidencias de la caída de la iglesia tras el terremoto de1906 podrían ser visibles en las capas estratigráficas, así como de otros rasgos de actividad tectónica.

Pensar en el transporte de la gran cantidad de ladrillos que conforman los muros es muy complejo sin tener buenos caminos y transporte motorizado. La observación de los ladrillos indica una regular calidad fácilmente obtenida con los materiales del sitio. Queda abierta esta pregunta para demostrar con pruebas concretas el origen de estos materiales.

Por otra parte, es evidente una capa de escombros en varios sectores, pero con mayor espesor en el área suroccidental de la Catedral, que estaría relacionada con el colapso de la cúpula y techo de la Iglesia en construcción. También se ubicó claramente una grieta tectónica sobre el piso de ceniza volcánica (sector B3-C3, Fig.3).

8) La arquitectura temblorera consolidada en esta obra con posterioridad a 1906 ha sido exitosa, lo que pudo ser sustentado en la permanencia por un siglo de las estructuras principales y utilización general del espacio y simbolismo de esta construcción.

Como se ha demostrado a lo largo de estas páginas, los estudios históricos y arqueológicos realizados reafirman la sostenibilidad del concepto arquitectónico e ingenieril de esta importante obra.

Sin lugar a dudas, a la cadena de logros promovidos por el proceso dirigido de reconstrucción del Eje Cafetero, se suma esta visión de procesos de larga duración , en los que se descubre y revalora nuestra identidad. A través de la historia, los cambios han sido el factor persistente. Inicialmente, desde hace nueve milenios, se movilizaron por esta región, los primeros pobladores nómades cuyas evidencias se encuentran sepultadas por espesas capas de ceniza que recuerdan la vigencia de la actividad volcánica en todos los tiempos históricos. Luego en los dos últimos milenios se han documentado sociedades indígenas agro-alfareras -siendo la Quimbaya la más tardía de ellas-. Tan sólo hace unos siglos, se documenta el período de contacto y establecimiento de los conquistadores españoles, para finalizar esta larga cadena con los "re-colonizadores" antioqueños y caucanos, quienes se establecieron y fundaron la nueva ciudad.

En este orden de ideas, todos estos pobladores han convivido en este espacio, afrontando entornos cambiantes, pero siempre optando por permanecer o volver a este territorio con tan particular oferta natural y ambiente vital. Los movimientos telúricos, caídas de cenizas volcánicas y demás riesgos ambientales, generan aprendizajes y adaptaciones que constituyen la herencia y el patrimonio vivo que han afrontado los viajeros en esta nave del tiempo. De alguna manera, las "naves" de la Catedral, son también vehículos en cuyo movimiento virtual y sagrado podemos reconocer lo que fuimos, lo que somos y proyectar lo que quisiéramos ser.

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© Cámara Colombiana de Turismo Capítulo Eje Cafetero
Derechos Reservados - Octubre, 2001.


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