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Prólogo del libro "Encuentro con
la Historia"
Al encuentro de la historia
Cuando fui invitada por Monseñor Fabio
Suescún Mutis, obispo de la Diócesis de Pereira, a
gerenciar el proyecto de intervención de la Catedral de Nuestra
Señora de la Pobreza, a raíz de los daños ocasionados
por el terremoto del pasado 25 de enero de 1999, sentí que
recibía de la vida un gran premio por dejarme tocar el alma
de la ciudad que tanto amo, tal como me había permitido intervenir
el antiguo parque de Bolívar para convertirlo en lo que hoy
es, una plaza mayor acorde con la actual urbe y el espíritu
civil de sus habitantes.
Frente a este nuevo reto, me di a la labor de
escudriñar en la historia de Pereira y en especial en todo
lo referente a la iglesia. Pasé largas horas con mi padre
releyendo y comentando con él a los historiadores tantas
veces estudiados, Ricardo Sánchez, Fernando Uribe Uribe,
Jaime Jaramillo Uribe y Juan Friede. Busqué y encontré
nuevos textos como el de Antonio del Campo y Rivas, el de Heliodoro
Peña, el del Padre Luis Carlos Mantilla, y los versos de
don Elías Recio, que recibí generosamente de su familia,
y muchos más que no logro enumerar; busqué relatos,
recolecté fotografías y documentos esculcando anaqueles
y cajones hasta que entendí que ésta no podía
ser una simple intervención de un templo y que era nuestra
responsabilidad, además de una gran oportunidad el ir al
encuentro de la historia.
Cartago Viejo, siempre un enigma para todos, debía
estar ahí........ Repetidamente los historiadores y cronistas
nos hablaban de la importante ciudad de la Colonia que había
existido, durante 161 años, en el mismo sitio donde hoy está
Pereira. Parecía imposible que después de tantos años
de existencia no hubiese aparecido ni un pequeño vestigio.
En mi mente el encontrar esta huella se había vuelto una
obsesión. Logré comprometer en el tema a Monseñor
Fabio Suescún Mutis, tanto como al padre Gustavo Valencia,
quienes creyeron y me apoyaron en esta emocionante búsqueda.
Los arquitectos e ingenieros en cambio, incrédulos, me miraban
con cierta sonrisa de duda. La obra debía empezar por proceso
de reforzamiento estructural que nos obligaría a excavar,
y ahí teníamos la oportunidad!!! Pensé que
era importante contar con aliados y opté por sensibilizar
al personal de la obra, informándole sobre lo que esperaba
encontrar con su colaboración. Era importante aclararles
que no se trataba de buscar "guacas", se trataba de algo
más importante que definitivamente, podía cambiar
la historia de nuestro pueblo, se trataba de ir en busca de una
historia perdida y olvidada, se trataba de ir en busca de Cartago
Viejo, que debía estar ahí...
Iniciamos entonces la labor de investigación
antropológica contando con los antropólogos Marta
Cecilia Cano y Carlos López , quienes, prácticamente,
en forma gratuita y llenos de fervor, comprendiendo que entre manos
tenían algo maravilloso, conformaron un grupo interdisciplinario,
para lo cual convocaron al geólogo Juan Manuel González,
al historiador Alvaro Tarazona y a otros de sus compañeros.
Llegó el momento, y gracias a un cuidadoso obrero quién
logró preservarlo, apareció el primer esqueleto el
día 18 de enero de 2001. Simultáneamente empezaron
a aparecer por el mismo costado una serie de piezas de cerámica
de todo tipo que confirmaban que la excavación debía
seguirse con gran cuidado porque seguramente íbamos a encontrar
algo más importante cuando llegáramos a realizar el
reforzamiento estructural en la nave central. Gracias a Dios llegó
la vinculación del Fondo para la Reconstrucción del
Eje Cafetero, que apoyado en la Ley de Preservación del Patrimonio,
y a la conciencia del gerente doctor Everardo Murillo y del doctor
Eduardo Uribe, firmó con la Diócesis un convenio que
nos permitió adelantar un proceso que resultó lleno
de sorpresas y hallazgos, en el que finalmente logramos encontrar
el ansiado vestigio del Viejo Cartago.
El documento que hoy, con gran satisfacción,
entregamos a la ciudad y al país, es el resultado de la investigación
que este apreciado grupo de profesionales logró y que sin
duda alguna constituye un buen aporte a la historia de Pereira y
de Colombia.
Agradezco a Dios por darme este regalo, al Forec
por su participación, a los obreros que se convirtieron en
los mejores aliados y a las personas que nos animaron para no desfallecer
en esta aventura. Tengo también mucho que agradecer a la
Academia Pereirana de Historia, que no sólo me acoge en su
seno con generosidad, si no que le ha dado a este documento su aval
importante y valioso. A mis bisabuelos, abuelos y a mis padres,
personas que dedicaron gran parte de su vida a la ciudad, les agradezco
el ejemplo y legado de civismo que me ha permitido trabajar por
la ciudad y apreciar, inmensamente la labor que sigo teniendo entre
las manos.
Amparo Jaramillo de Drews
Noviembre 30 de 2001
Estracto: "Redescubriendo
a Cartago Colonial bajo los pisos de la Catedral".
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